Antepasados genéticos, trazables y significativos
Asumimos que descendemos de miles de personas, pero ¿de todos por igual? ¿hay algo de todos ellos en nosotros? ¿hasta qué punto hemos heredado un vínculo genético significativo e identificable? Veamos si hay algunos antepasados más relevantes que otros.
Imaginemos que podemos reunir a todos nuestros antepasados que vivían en el año 1500. Considerando unas 15 generaciones, sumarían 32.768 personas. Visualmente equivaldría, nada menos, que a llenar un estadio de futbol profesional mediano. Y para identificarlos mejor les vamos a asignar un número del 1 al 32.768, siguiendo el orden que tendrían con nuestro sistema de doble apellido.

Es cierto que hay que considerar una fracción no desdeñable de personas que serían antepasados por varias ramas, fruto de la inevitable consanguinidad en tantos siglos. En esos casos, desdoblémoslos, en nuestra imaginación todo es posible, y les asignaremos varios números, tantos como veces que son antepasados nuestros por diferentes ramas.
Ahora, podríamos etiquetarlos según tres criterios de cercanía con nosotros:
– Antepasados genealógicos. Es decir, los que deben aparecer en nuestro árbol genealógico y que, como es obvio, incluiría a todos los presentes. Todos ellos han sido imprescindibles en las sucesivas generaciones que nos precedieron y les debemos la existencia por igual, son antepasados genealógicos directos.
– Antepasados genéticos. Ahora pasemos a aquellos de los que conservamos en nuestro ADN una porción, pequeña o mayor, que designaremos antepasados genéticos. Y aquí nos puede sorprender descubrir que a una fracción de nuestros 32.768 antecesores habría que descartarlos.
El motivo es sencillo de explicar. Si tenemos en cuenta que conservamos el 50% de la genética de cada padre , un 25% de cada abuelo, 12,5% de los bisabuelos… llegaríamos a la generación 15º de la que teóricamente habríamos heredado el 0,003% de cada antepasado.
Ahora bien, nuestro genoma no se divide hasta el infinito, se estima que alberga en torno a unos 21.000 genes. Eso quiere decir que en la generación que hemos mencionado ya habría más antepasados teóricos que genes, algo imposible. A lo largo de las combinaciones aleatorias de genes que se van produciendo, hay ramas cuyo rastro desaparece por completo.
Eso sí, en todos nosotros hay ramas consanguíneas. Las más cercanas reducen notablemente la diversidad de antepasados. Las más lejanas tienen menor impacto pero son inevitables. Estas consanguinidades hacen que no podamos hablar que con 21.000 genes y 32.768 antepasados podamos deducir que desapareció genéticamente un tercio de los antepasados, pero no sería descabellado pensar en una sexta o séptima parte de los antepasados genealógicos.
Pero es más, hemos escogido la generación 15º, si pensamos que la 16º se compondría de 65.536 individuos y se va duplicando en las siguientes, podemos tener la certeza de que a medida que nos alejamos en el tiempo el porcentaje de antepasados genéticos respecto a los genealógicos será mucho menor. Especialmente en el caso de las líneas antiguas que procedían de lugares remotos y cuya probabilidad de consanguinidad es muy reducida.
–Antepasados genéticos, trazables y significativos. Aplicado el filtro “genético” llega el siguiente escalón, ¿qué trascendencia real en nuestra genética tiene un antepasado de 1500? Pues si pensamos en la grandísima diversidad de herencias recibidas, la contribución promedio de estos antepasados genéticos se reducirá a apenas uno o dos genes, cuya relevancia en nosotros podría ser de nula a casi nula, salvo los casos contados de algunas supermutaciones con efectos especialmente positivos o negativos.
Esto no quiere decir que no debamos nuestra genética a nuestra gran nube de antepasados que nos precedieron pero sí nos debe hacer reflexionar sobre el hecho de que individuo a individuo la trascendencia es prácticamente nula. Descendemos del conjunto, que forman el todo pero un todo cuyas aportaciones puntuales están enormemente atomizadas, serían antepasados no significativos genéticamente.
Pero además hay otra cuestión, si quisiéramos agradecer a aquellos antepasados que nos legaron sus mejores genes, los que nos hacen mejores física o intelectualmente, la realidad es que no sabríamos a cual de ellos dirigirnos. Sería preciso disponer de los genomas completos de todos para poder seguir la ruta que va desde el antepasado donante a nosotros, algo imposible. Desgraciadamente nos encontramos con que en la práctica, el legado de los antepasados genéticos no es trazable.
Obviamente hay quien pueda alegar que en muchas enfermedades genéticas se están trazando árboles genealógicos relativamente antiguos que permiten conocer el origen y difusión de las enfermedades, lo que es totalmente cierto. Pero son conexiones que se realizan en base a mutaciones presentes en personas de hoy en día y que se intentan conectar descubriendo lazos familiares, son por tanto casos muy concretos de mutaciones especialmente relevantes, donde se estima la transmisión genética, pero no se demuestra.

Ahora bien, no perdamos la esperanza, es posible determinar antepasados genéticos, trazables y significativos, pero dependerá de nuestro sexo ya que aquí reduciremos la cifra a tan solo uno o dos de nuestros antepasados, según se trate de una mujer o un hombre.
El único antepasado genético, trazable y significativo de las mujeres
Hemos considerado el ADN como un conjunto de información genética totalmente combinable, pero no es así. Existe un material genético llamado ADN mitocondrial cuya transmisión se realiza íntegramente de la madre a todos sus hijos, varones y mujeres. Contiene tan solo 37 genes, una porción muy pequeña. Pero el hecho de que se transmita íntegro y que a lo largo del tiempo sufra pequeñas mutaciones lo convierte en un indicador perfecto para trazar el origen por vía femenina de las mujeres.
Toda mujer comparte íntegramente este ADN mitocondrial con su madre, su abuela materna, su bisabuela materna-materna, etc. Y, en el caso que hemos planteado de 15 generaciones, 32.768 antepasados, sería precisamente la antepasada con el número 32.768 la que a pesar de tantas generaciones podríamos identificar por su ADN mitocondrial idéntico, o quizás con alguna leve mutación, respecto a la descendiente actual.
De este modo, podemos afirmar que a lo largo de las generaciones, el único antepasado genético, trazable y significativo sería la enésima abuela por día directa femenina. De todos los demás, cada mujer habrá ido recibiendo porciones de ADN cada vez más pequeñas a lo largo de las generaciones, pero de esta antepasada, sean cuales sean las generaciones de distancia, mantendrá un conjunto identificable de genes íntegramente heredados.
Los dos únicos antepasadosgenéticos, trazables y significativosde los hombres
En el caso de los hombres, podemos hacer la misma consideración respecto a sus antepasadas directas por vía femenina, heredaron también el ADN mitocondrial de la madre y eso les une a la antepasada directa a través del tiempo. No lo transmitirán a sus hijos, pero sí sabemos de donde lo recibieron.
Además, añadiremos aquí el otro conjunto genético que no recombina en cada generación y que solo afecta a los hombres; el cromosoma sexual Y que determina el género masculino, tan solo uno que junto al cromosoma femenino X forman el conjunto que determina el sexo masculino. Al ser diferentes X e Y, no hay combinación genética, cada hijo varón hereda de su padre, y solo de él, este cromosoma.
Es el cromosoma humano con menor contenido genético, 55 genes, muy por debajo de los 900 del cromosoma X, pero su transmisión sin combinación y la acumulación de pequeñas mutaciones a lo largo del tiempo nos permite conectarnos con las generaciones masculinas directas en el pasado y que sea un conjunto significativo.
Por tanto, los hombres cuentan con dos antepasados genéticos, trazables y significativos, su línea directa masculina y su línea directa femenina. Dos líneas que marcan los extremos de nuestros árboles genealógicos, primera y última persona, pero que los hace significativamente esenciales en nuestro ADN, generación tras generación.

Conclusión: relativicemos nuestros árboles genealógicos lejanos con una o dos excepciones
El objetivo de todo este recorrido ha sido aclarar algunas dudas que se plantean habitualmente sobre si podemos identificarnos en el presente con nuestros antepasados de hace muchas generaciones.
Es evidente que en las generaciones más cercanas la respuesta sería positiva y evidente, muchas veces detectamos rasgos físicos e incluso de carácter que nos recuerdan a abuelos o bisabuelos. Pero a veces queremos detectarlo en aquel antepasado de 1500 que nos ha aparecido en un documento y con el que realizamos todo tipo de teorías sobre qué hay de él en nuestros genes.
Aplicando los principios esenciales de la genética, hemos visto que las generaciones sucesivas van diluyendo, como no podía ser de otra forma, el rastro genético de nuestros ancestros individuales. Por el camino perderemos por completo el rastro de un porcentaje de ellos, más a mayor distancia genética. De todos los demás, que son antepasados genéticos, conservamos un pequeño rastro que en sí no forma un conjunto relevante y que además no sería trazable sin un estudio exhaustivo de todos nuestros antepasados, algo imposible.
Sin embargo, deberíamos resaltar especialmente los casos excepcionales que hemos identificado de antepasados relevantes y trazables, tan solo una línea para las mujeres y dos para los hombres.
Nuestros árboles genealógicos deberían prestar atención a estas dos líneas sobre todas las demás. La masculina suele ser la más investigada y su interés genético lo avala. La línea femenina directa es habitualmente una gran desconocida, dados los cambios de apellidos y la falta de documentación que suele haber sobre muchas mujeres, una dificultad que debería estimularnos a investigarla con mucho mayor interés.
Antonio Alfaro de Prado

Gracias por investigar sobre mis antepassados, famillia Cervilla manzano nacido en albunol 1897.
Un excelente artículo, como siempre da gusto leerte.
Un artículo excelente que he leído con mucho interés. !Muchísimas gracias!