Manual de Genealogía

La genealogía hispana actual post a post

Los apellidos más comunes ¿un lastre para la genealogía?

España es sin duda uno de los países más privilegiados del Mundo en lo que respecta a recursos disponibles para la investigación genealógica. Una nación cuya estabilidad en los últimos cinco siglos ha permitido que el deterioro de su patrimonio documental sea sensiblemente inferior al de otros muchos países europeos, arrasados una y otra vez por guerras, revueltas y fenómenos naturales.

Si a ello unimos que actualmente gozamos de un nivel educativo razonablemente elevado, llegaremos a la conclusión de que contamos con la combinación perfecta para que haya en España una auténtica pasión por la Genealogía, algo habitual en los países de nuestro entorno… ¿o no?

Pero la respuesta desgraciadamente debe ser negativa, no es así. Se sigue considerando la Genealogía como algo minoritario, un poco extravagante y, a veces, pretencioso, además de requerir una perseverancia y esfuerzo que disuade a muchas personas. Pero, además del espíritu hispano poco amigo de la investigación (salvo honrosas excepciones), podríamos estar minusvalorando un factor aún más importante y quizás decisivo: nuestros apellidos más comunes y característicos, esencialmente los patronímicos (García, Fernández, López, Jiménez…) puede que constituyan el verdadero talón de Aquiles que impide el despegue de la genealogía española.

No es momento de detallar la historia de estos apellidos pero sí recordar que los patronímicos surgieron como una fórmula sencilla para distinguir entre personas con un mismo nombre de pila, mencionando el de sus respectivos padres; Juan Martínez, es decir, Juan hijo de Martín, se diferenciaba de Juan García o de Juan Gómez. Algo fácil y útil para las pequeñas comunidades medievales que rápidamente se extendió en los reinos de Castilla y Aragón. Miles y miles de personas empezaron a usar este sistema de apellidos

Con el tiempo dejaron de cumplir la función de designar el nombre del progenitor y se fueron haciendo fijos por lo que los patronímicos pasaron a ser como cualquier otro sobrenombre, transmitiéndose sin modificar y perdiendo su cometido original. Si a ello unimos que los núcleos de población se fueron haciendo cada vez mayores, comenzó a ser difícil distinguir entre tantas personas que se llamaban igual y fue preciso complementar la fórmula de nombre + patronímico con expresiones tales como Juan Martínez, el viejo, Juan Martínez el rubio, Juan Martínez de Sevilla, Juan Martínez Cobos, etc…  Los apodos, la edad, el origen geográfico u otros apellidos familiares se emplearon libremente para distinguir entre personas homónimas.

De hecho, la doble denominación fue tan útil que acabó convirtiéndose en un sistema formal y legal de doble apellido, una seña de identidad de los españoles y un loable reconocimiento del apellido materno. Ahora bien esta fórmula, teniendo muchas ventajas, supuso un paso atrás para quienes poseen apellidos patronímicos ya que si antiguamente, como hemos visto, se recurría a diversas formulas para distinguirlos, ahora simplemente se suman los apellidos paterno y materno, aunque sean ambos comunes, y surgen cientos de combinaciones reiteradas: García Sánchez, Rodríguez Rodríguez, González Martínez…

Concentracion de apellidos por provincias

Visualización por provincias del elevadísimo porcentaje de personas que comparten los apellidos más comunes. Fuente: Los apellidos más extendidos en España, apuntes onomásticos y genealógicos

Y es que las cifras de personas con apellidos patronímicos son muy elevadas. Así, los García encabezan el ranking como primer apellido de casi un millón y medio de españoles. Si a ello unimos tan solo los nueve siguientes (González, Fernández, Rodríguez, López, Martínez, Sánchez, Pérez, Martín y Gómez) estaremos abarcando a cerca del 20% de las personas censadas en el país. Cifra que se eleva al 25% tomando los veinte apellidos más comunes y al 33% si consideramos los cincuenta primeros (sobre estas estadísticas se puede consultar Los apellidos más extendidos en España, apuntes onomásticos y genealógicos).

Cabría pensar si esta concentración de apellidos no se da en otros países europeos y el hecho es que solo la encontramos en algunos países pequeños. Las grandes naciones de Europa Occidental como Gran Bretaña, Alemania, Francia o Italia tuvieron un nacimiento más complejo y tardío que el español lo que dio lugar a una mayor diversidad de apellidos. Recientemente se ha publicado un estudio titulado  Footprints of middle ages kingdoms are still visible in the contemporary surname structure of Spain donde precisamente se analiza la gran homogeneidad onomástica española, atribuyéndola a la decisiva cohesión y continuidad política de los reinos medievales de Castilla, León y Aragón desde la Reconquista y a la gran influencia del sistema onomástico castellano en el conjunto del país.

Llegados a este punto muchos lectores pensarán ¿y qué demonios tiene que ver todo esto con la genealogía? Pues puede tratarse de algo decisivo por varios motivos:

1. La historia familiar comienza a interesar en muchos casos por la existencia de un apellido, no necesariamente el primero, que resulta llamativo; por ser poco frecuente, tener un significado peculiar, que aparente ser foráneo, etc, circunstancia que obviamente no se aprecia en los muy extendidos.

2. También resulta frecuente que se empiece a investigar la genealogía propia a partir de la existencia de un personaje destacado con quien compartimos apellido. Los Cervantes tendrán en mente al gran escritor cuando asciendan en su árbol, los Cepeda a la santa avileña y los Rocasolano a nuestra reina. Pero, siguiendo con este último ejemplo, las decenas de miles de personas con el apellido Ortiz en España no se plantearan su parentesco con Doña Letizia salvo que sean originarias exactamente de la misma zona geográfica que ella.

3. Los apellidos peculiares cuentan con la ayuda de que al ser poco frecuentes son más fáciles de investigar; ser los únicos o muy escasos en una población hace que resulte notablemente más sencillo reunir datos históricos relacionados. Pero si queremos descubrir a nuestros García, en cada generación nos encontraremos a decenas de familias homónimas entre las que quizás llegue a ser imposible distinguir la nuestra.

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Este es el decepcionante resultado que obtenemos en el Portal de archivos españoles, PARES, cada vez que nuestra búsqueda se dirige hacia una persona con apellidos muy comunes

En resumen, poseer apellidos muy comunes (por lo general los patronímicos) puede generar menor interés y dificultar en gran medida su investigación. Y ello, aplicado a los millones de personas que los usan, implica que un porcentaje muy elevado de los españoles no hayan contemplado jamás la posibilidad de iniciar una investigación familiar.

Conviene aclarar que, por supuesto, no se trata de que los antepasados de los García, Fernández o Rodríguez no merezcan ser identificados ya que pueden ser tan dignos de admiración como los demás, es tan solo que existen unas circunstancias objetivas que desaniman y dificultan su investigación.

Por otra parte, la apreciación de poseer un apellido “común” puede variar según la zona de origen; los Pons en Baleares (2º apellido más frecuente en las islas), Gracia en Huesca (5º en su provincia) o Goñi en Navarra (6º) experimentarán esta misma sensación, aunque a nivel nacional se trate de apellidos relativamente poco frecuentes.

Es, además, un factor que hemos exportado a la América Hispana donde los apellidos más comunes son netamente españoles: Martínez en Argentina, González en Chile, Rodríguez en Colombia, Hernández en El Salvador y México, etc. Aunque en ellos la inmigración de otros países, los apellidos autóctonos y el mayor uso de apellidos no patronímicos por parte de los primeros españoles hace que la concentración de los más usuales no alcance niveles tan críticos como en España.

Y a todos aquellos García, Fernández, Rodríguez, Pérez, etc que pueblan nuestro país decirles que su tarea puede ser algo más difícil pero desde luego no imposible. Los inmensos archivos españoles conservan millones de documentos que permiten en muchos casos reconstruir genealogías teóricamente complicadas. Detrás de cualquier apellido aparentemente sin trascendencia pueden surgir historias familiares sorprendentes, es algo que todo genealogista veterano ha experimentado y gozado, un estímulo constante que aporta giros inesperados en cada nueva generación que se descubre.

 

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Esta entrada fue publicada en 18 agosto, 2015 por .

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